Ciudad De México, 10 de abril de 2026.- Las detenciones de inmigrantes en la vía pública se multiplicaron por once durante el primer año del segundo mandato del presidente Donald Trump, lo que equivale a un incremento de más del 1,000%, según un análisis que compara los últimos seis meses de la Administración de Joe Biden (2021-2025) con los datos a marzo de 2026.
La probabilidad de que ICE tuviera como objetivo a personas con antecedentes penales se redujo considerablemente, mientras que hubo un aumento de más de ocho veces en el número de detenciones de personas sin antecedentes penales. Específicamente, las detenciones de inmigrantes sin antecedentes penales han aumentado un 770% en este periodo. Este repunte se tradujo en un incremento de cinco veces en el número de deportaciones y la Administración Trump cuadruplicó con creces (4,5 veces) el número de camas de detención destinadas a las personas arrestadas dentro del territorio estadounidense.
La liberación en un plazo de 60 días tras la detención se convirtió en un suceso excepcional, representando solo el 7% de los casos, mientras que la tasa de deportaciones ejecutadas en un plazo de dos meses tras la detención se duplicó, pasando del 27% al 57%. Asimismo, las salidas voluntarias y los retornos se multiplicaron por 28. El Proyecto de Datos sobre Deportaciones de la Universidad de California Berkeley describió este escenario como “un fenómeno novedoso” y señaló que “quizás… muchas más personas optaron por desistir de sus casos”.
Para financiar estas operaciones, el Gobierno de Donald Trump destinó más de 250 millones de dólares en Estados Unidos para programas de cooperación entre el Departamento de Seguridad Nacional (DHS) y departamentos de policías locales. Hasta la fecha, 976 departamentos de policía en todo el país han firmado este tipo de acuerdos, recibiendo más de 100 mil dólares por departamento, con un bono adicional de 7.500 por cada agente que entre en el programa y comience a arrestar migrantes. Florida y Texas son los estados con más adhesiones, con 270 y 161 departamentos respectivamente.
Según estimados de FWD, el DHS ha entrenado a entre 13.800 y 15.800 policías para realizar labores de migración. Bajo el actual gobierno, más del 70 por ciento de las personas retenidas en centros de detención no han sido condenadas por ningún crimen; quienes sí tienen convicciones, son en su mayoría por delitos menores, incluyendo violaciones de tráfico. Felicity Rose, vicepresidenta de política de justicia penal de FWD.us, afirmó que el programa “incentiva el sesgo racial en la actuación policial y los arrestos por delitos menores”, aunque el Departamento de Seguridad Nacional sostuvo que la medida “ayudaría a arrestar y deportar a ‘lo peor de lo peor, incluyendo asesinos, miembros de pandillas, violadores y terroristas'”.
La agresiva campaña ha generado incidentes violentos y temores en la comunidad. Un conductor llamado Carlos Iván Mendoza Hernández fue herido por agentes del ICE cerca de la Interestatal 5 en Patterson, California. Todd Lyons, director interino de ICE, dijo que los oficiales “efectuaron los disparos defensivos” después de que Mendoza Hernández supuestamente intentara atropellar a un agente. Sin embargo, Patrick Kolasinski, abogado del inmigrante, negó que su cliente fuera miembro de la pandilla Calle 18 como afirmó Lyons y declaró: “Fue muy claro en este punto: que retrocedió (su vehículo) porque intentaba huir, dado que le estaban disparando”.
El miedo a la deportación también ha tenido consecuencias fatales. Jesús Juárez Cruz, un inmigrante mexicano de 50 años, murió a finales de febrero sin acudir a un hospital por temor a ser detenido. Su viuda, Guadalupe, relató: “We were afraid that ICE agents would come and take him away”. Desde que Trump regresó al poder, se han reportado agentes enmascarados entrando en hospitales para realizar arrestos, una práctica prohibida anteriormente en estos espacios sensibles. Organizaciones de defensa de migrantes indicaron que estas acciones han “provoked fear in the community”.